viernes, 11 de septiembre de 2009

La bebida de La Chorrera


-Hoy van a venir mis primos y a ellos les gusta el chicheme, solía decir cada vez que mis familiares de la capital visitaban la casa de mis abuelos, donde tuve la buena fortuna de crecer. Esos son los primeros recuerdos que tengo de aquella bebida que identifica a La Chorrera.
Bueno, todo esto inicio allá en los años en que mi mamá era muy niña y La Chorrera, era apenas un sitio con pocas casas y con sin tanta gente. El primer local quedaba unos poco metros después del actual, el cual está cerca del BBB. Quedaba junto a lo hoy en día el local del almacén, La Reina, era una casa de madera muy modesta, su propietario era un tal señor “Villegas”, me cuenta mi abuelita, “era muy sencillo en su forma de vestir”. Para que tengan una idea cubría su anatomía como los hacen los chinos de tienda. En ese desapreciado local que hoy en día solo queda en pie en la mente de los pobladores de aquellos años, había un traganiquel con piezas de Benny More, entre otros. “Ahí se escuchaba mucho “Unchained Melody”, canción de la película “la sombra de amor”, recuerda mi madre.
Luego de un par de años se mudaron a las antiguas instalaciones del cuartel de bomberos, el cual es su “cantera” actual y cada día en el "chichemito", hay decenas de personas, por un vaso con chicheme, un bollo, una hojalda y un pedazo de carne frita.
Esto es parte de la ciudad dormitorio. Es un paso obligado de muchos y muchas luego de venir de la playa un domingo o simplemente de alguien que camina por ahí, cualquier día de la semana.

Esta bebida al igual que el San Francisco, la feria y la cumbia de Ñato Califa y Chia Ureña, son un icono de esta parte del país, pues no es extraño que te digan si vas a la capital a estudiar o trabajar que te digan “¿cuando me traes un chicheme?”, dicho se de paso mañana 12 de septiembre, La Chorrera está de aniversario, así que esto es una forma en decirle a la tierra de mi tribu familiar, “felicidades”. Por acá se les espera.



El periodista que encotró a Chiquita


Julio Montes Escala

Foto: Tony Jonhson

Antonio Orlando Rodríguez le gusta dormir, cocinar e ir a la playa . Lo despertaron a las 6:00 de la mañana para decirle la noticia que tanto esperaba, al levantar el teléfono escuchó desde el otro lado del océano Atlántico, la voz de Sergio Ramírez Mercando –usted se ha ganado el premio Alfaguara este año. Que lo despierten a uno, cuando el cielo comienza a parir el sol, no le produjo mal gusto. “Chiquita”, es el titulo de la novela premiada. “Dormir es una cosa muy importante para mí y esa ha sido la mejor noticia que he recibió a esa hora de la mañana”.

Esta novela al cubano Orlando Antonio Rodríguez no solo lo ha producido el premio, también una gira por diez países de América Latina, un recorrido en que la masa lectora entra en contacto con el autor, en un aguacero de preguntas, respuestas y comentarios que salen sobre Chiquita “es reconfortante conocer las impresiones que creaste en las personas e interactuar con ellas”, nos dice el ganador del X premio Alfaguara de novela.

Chiquita nos lleva a de finales del siglo XIX, una liliputinse cubana de nombre Espiridiona Cenda de tan sólo veintiséis pulgas, un personaje extraordinario a quien Orlando Antonio, llegó a conocer por medio del impacto de la imagen “me llamo mucho la tensión su tamaño muy interesante que hubiera existido una lliliputiense cubana”.

Espiridiona Cenda, personaje de la vida real, bailarina y cantante fue de la las estrellas mejor pagas del teatro Vaudeville, una de las principales atracciones de la Exposición Panamericana. Fue toda una figura en Nueva York, Boston y Europa.


Chiquita o Espiridiona Cenda tenía muchos años en el callejón del olvido, pero la investigación que hizo este prosista la resucitó y le dio nuevamente esa notoriedad que llegó a tener, esta bailarina muy fuera de lo común.

Luego de este gráfico encuentro, este periodista graduado en la Universidad de La Habana fue tras la pista de su la diminuta dama “me di cuenta de que fue una mujer muy emprendedora, muy valiente, muy atrevida y arriesgada y ese me llevo a escribir, una novela de aventuras”, comenta sobre esta etapa de investigación.

Por diez años Orlando Antonio escribió para la población infantil “me divierte escribir para los niños y me gusta sintonizarme con su mundo de imaginación y de humor”. El inicio en obras para adultos vino desde 1984, con el libro de cuentos; Querido Drácula, “cuando escribo para adultos me agrada apelar al humor, lo grotesco y al absurdo”.

Entre los escritores que lo han marcado están sus coterráneos Virgilio Piñero, Eliseo Diego “son autores que influyeron mucho en mi, son autores modelos, muy importantes”.